En la pausa del trabajo o cuando pasamos el día entero en la calle apenas hay tiempo ni oportunidad para comer algo sano. Curiosamente en las cafeterías y tiendas, los platos sanos como las ensaladas y las verduras son especialmente caros, mientras que la bollería y la comida rápida tienen además de un aspecto más llamativo, un precio mucho más sugerente. Esto me hace pensar una vez más lo promovida que está por la sociedad la mala alimentación. Esto lo he observado tanto en España como en Alemania (y en Inglaterra, pero esto no me sorprende, teniendo en cuenta que son los peores comedores de Europa), sin embargo no puedo decir lo mismo de los países escandinavos, donde el consumo de alimentos saludables como fruta y verdura está extendido y promovido, siendo los platos estrella de todas las cantinas.
Una pizza o una hamburguesa de pascuas a ramos que yo sepa no ha matado a nadie, sin embargo todos sabemos que el consumo frecuente de comida rápida (o fast food) tiene consecuencias muy perjudiciales a largo plazo, como problemas cardiovasculares, sobrepeso o desórdenes hormonales. Lo que pocos saben es que el consumo de comida rápida es un desencadenante de serios trastornos psicológicos, como por ejemplo de la depresión. También está demostrado que aumentan los niveles de ansiedad en personas con una permanentemente alta activación fisiológica de base.
El azúcar refinado no se ha ganado su mala fama porque sí. Los seres humanos tenemos una hormona producida por las células del tejido adiposo que se llama leptina. La leptina es la encargada de enviar señales de saciedad, regulando la cantidad de consumo y protegiéndonos del sobrepeso y de la obesidad. ¿Pero sabéis lo que pasa cuando se consume azúcar refinado en exceso? El azúcar inhibe esta hormona, descompensándose así el mecanismo regulador y confundiendo a nuestro cuerpo, que no termina de saber cuándo estamos saciados, la conducta de comer se descontrola y esta conduce a un aumento del peso corporal. La comida rápida suele llevar además de un alto contenido en sal, grasas vegetales, colorantes y conservantes artificiales, un alto contenido en azúcar refinado. Si además de esto tendemos a echarle azúcar al café, al té, a la leche... Sin querer y sin ser conscientes, estamos abusando. Es por ello que si te paras a mirar a tu alrededor, encontrarás un alto porcentaje de personas que están por encima de su peso adecuado (además la falta de ejercicio regular sería otro factor colaborador). Si te acostumbras a evitar echarle sal y azúcar extra a los alimentos estarás evitando el abuso, ya que al estar incluídos en casi todos los alimentos (incluídas las frutas) a poco que añadas, ya estarás consumiendo más cantidad de la que debes.
El equipo investigador de la científica Almudena Sánchez-Villegas, después de acompañar a un grupo de 8964 personas a lo largo de medio año (ninguno de ellos había padecido nunca una depresión ni había tomado antidepresvos al comienzo del estudio), atendiendo tanto a su patrón de alimentación como a su estado psicológico, encontraron que la probabilidad o riesgo de desarrollar una depresión en personas que consumían frecuentemente comida rápida, en comparación con aquellos que seguían una dieta sana, era un 51% más alta. Esto se concluyó tras observar que al final del estudio, 493 personas habían sido diagnosticadas de depresión o tratadas con antidepresivos. Este estudio es útil, pues se observa una estrecha correlación entre ambas variables, sin embargo hay otras variables no controladas, como por ejemplo el estudio de un grupo control o la cantidad de ejercicio realizada por cada participante, que de alguna manera también puede empeorar o mejorar tanto el estado fisico como el psicológico.
Pero no es este el único estudio que sugiere este hecho. Otro estudio realizado en la University College London (un aplauso para los ingleses, que empiezan a preocuparse por la salud y la alimentación de sus ciudadanos) en 2010 descubrió que las personas que se alimentan principalmente de comida rápida, tenían un 58% mayor de riesgo de padecer una depresión. El riesgo de personas que se alimentan principalmente de frutas, verduras y legumbres es sin embargo de tan solo un 26%. Estos datos sí parecen alarmantes.
Una pizza o una hamburguesa de pascuas a ramos que yo sepa no ha matado a nadie, sin embargo todos sabemos que el consumo frecuente de comida rápida (o fast food) tiene consecuencias muy perjudiciales a largo plazo, como problemas cardiovasculares, sobrepeso o desórdenes hormonales. Lo que pocos saben es que el consumo de comida rápida es un desencadenante de serios trastornos psicológicos, como por ejemplo de la depresión. También está demostrado que aumentan los niveles de ansiedad en personas con una permanentemente alta activación fisiológica de base.
El azúcar refinado no se ha ganado su mala fama porque sí. Los seres humanos tenemos una hormona producida por las células del tejido adiposo que se llama leptina. La leptina es la encargada de enviar señales de saciedad, regulando la cantidad de consumo y protegiéndonos del sobrepeso y de la obesidad. ¿Pero sabéis lo que pasa cuando se consume azúcar refinado en exceso? El azúcar inhibe esta hormona, descompensándose así el mecanismo regulador y confundiendo a nuestro cuerpo, que no termina de saber cuándo estamos saciados, la conducta de comer se descontrola y esta conduce a un aumento del peso corporal. La comida rápida suele llevar además de un alto contenido en sal, grasas vegetales, colorantes y conservantes artificiales, un alto contenido en azúcar refinado. Si además de esto tendemos a echarle azúcar al café, al té, a la leche... Sin querer y sin ser conscientes, estamos abusando. Es por ello que si te paras a mirar a tu alrededor, encontrarás un alto porcentaje de personas que están por encima de su peso adecuado (además la falta de ejercicio regular sería otro factor colaborador). Si te acostumbras a evitar echarle sal y azúcar extra a los alimentos estarás evitando el abuso, ya que al estar incluídos en casi todos los alimentos (incluídas las frutas) a poco que añadas, ya estarás consumiendo más cantidad de la que debes.
El equipo investigador de la científica Almudena Sánchez-Villegas, después de acompañar a un grupo de 8964 personas a lo largo de medio año (ninguno de ellos había padecido nunca una depresión ni había tomado antidepresvos al comienzo del estudio), atendiendo tanto a su patrón de alimentación como a su estado psicológico, encontraron que la probabilidad o riesgo de desarrollar una depresión en personas que consumían frecuentemente comida rápida, en comparación con aquellos que seguían una dieta sana, era un 51% más alta. Esto se concluyó tras observar que al final del estudio, 493 personas habían sido diagnosticadas de depresión o tratadas con antidepresivos. Este estudio es útil, pues se observa una estrecha correlación entre ambas variables, sin embargo hay otras variables no controladas, como por ejemplo el estudio de un grupo control o la cantidad de ejercicio realizada por cada participante, que de alguna manera también puede empeorar o mejorar tanto el estado fisico como el psicológico.
Pero no es este el único estudio que sugiere este hecho. Otro estudio realizado en la University College London (un aplauso para los ingleses, que empiezan a preocuparse por la salud y la alimentación de sus ciudadanos) en 2010 descubrió que las personas que se alimentan principalmente de comida rápida, tenían un 58% mayor de riesgo de padecer una depresión. El riesgo de personas que se alimentan principalmente de frutas, verduras y legumbres es sin embargo de tan solo un 26%. Estos datos sí parecen alarmantes.