viernes, 8 de agosto de 2014

El intrusismo en psicología

Buenas tardes a todos,

El tema de hoy es breve pero muy importante, analizado desde el marco legal y ético de la profesión para la que estoy estudiando. Me gustaría de nuevo aclarar esto ultimo, debido a un par de mensajes recibidos últimamente pidiendo ayuda y en concreto terapia. Yo soy estudiante de último curso de psicología, escribo este blog por mero disfrute y como complemento de aprendizaje de la carrera, ya que como muchos sabéis, trabajo a la vez que estudio así que intento aprender de la forma más didáctica que se me ocurre, y el único fin es el de compartir, explicar y aprender sobre todos los temas que abarca la disciplina que estudio y que me entusiasma tanto. Digamos que soy prácticamente graduada en psicología, pero NO estoy cualificada para hacer terapia clínica, no de momento al menos.

Y para un futuro me gustaría también aclarar, que el día que sí esté legal y moralmente capacitada, no ofreceré ni consejos ni coaching ni terapia arbitrariamente por e-mail, por teléfono ni mucho menos por Facebook. He estado participando en un proyecto de psicología-online en una empresa durante muchos meses y como ya experta que me considero en ese área, observando lo verde, poco estudiando y lo poco delimitado que está todavía, prefiero seguir considerándolo como una vía de comunicación que a nivel terapéutico no se le debe perder el respeto y que debe cumplir una función complementaria y en ningún caso sustituir a una terapia presencial.

En España no está todavía regulado el ejercicio de la psicoterapia (al contrario que en el resto de Europa) y por desgracia cualquier recién graduado puede colgarse el cartel "psicólogo y psicoterapeuta" sin sufrir consecuencias legales, pero cabe mencionar que un recién graduado en psicología NO TIENE ni la formación ni la experiencia suficiente para ofrecer psicoterapia, lo comento y lo aclaro para que la elección del profesional en caso de necesidad de asistencia psicológica, sea acorde a las competencias esperadas del mismo.
Además de esto destaco, estando cada vez más sorprendida, la inmensa cantidad de instrusos con los que nos tenemos que enfrentar en esta profesión. Desde que se hizo evidente la crisis económica son cada vez más los economistas, periodistas, arquitectos y otros miembros de profesiones alejadas de la nuestra -o incluso sin formación alguna, lo que es aún peor-, que lejos de encontrar un puesto de trabajo en el pais, ofrecen "coaching", "terapias" y "psicoterapia" para ganarse la vida a costa de la ignorancia, incultura e inocencia de las personas. Especialmente el "coaching" se ha convertido en la gallina de los huevos de oro.

CUIDADO CON ESO.

La titulación mínima de un psicoterapeuta debería ser de máster y específicamente en psicoterapia, como bien se viene haciendo aquí en Alemania, o bien que sea graduado en medicina con especialidad en psiquiatría.

Espero y confío en que cada vez seamos más los que sepamos distinguir un buen profesional de un oportunista, una persona con formación de un cuentista y que aprendamos a elegir con criterio antes de que nos elijan a nosotros.



¡Hasta muy pronto!




Otras fuentes que os pueden interesar:

http://psicofrikadas.blogspot.de/2014/01/intrusismo-en-psicologia-ii-terapias.html

http://www.mundopsicologos.com/articulos/el-intrusismo-laboral-en-psicologia.html







martes, 29 de julio de 2014

El poder del lenguaje

Porque no es lo mismo decir que una persona es interesante que decir que es interesada. No es lo mismo decir "tengo depresión", que "estoy deprimido".

Algunas personas se presentan de tal forma que parecieran estar diciendo: "Hola. Soy depresión. Siempre fui depresión y siempre lo seré". Su identidad de Manolo Pérez pasa entonces a un segundo plano, pues nosotros, receptores activos de información, ya hemos generado instantáneamente la categoría: "depresión" en la que incluimos a Manolo. Toda la información que llegue detrás constituirá subcategorías de esa dimensión mayor, pero difícilmente pensaremos en Manolo sin que una de las palabras que primero nos venga a la mente sea "depresión". A otros se les etiqueta oficialmente de esquizofrénicos y no vuelven jamás a ser vistos como seres humanos pertenecientes a una red social sino que pasan a ser meras muestras representativas de una enfermedad biológica cerebral. Si tu niño es hiperactivo, no te bastará con decir que es energético, pues tú sientes la imperativa necesidad de ponerle un nombre a todo lo que te rodea. No es lo mismo decirle a tu hijo que tiene una enfermedad que decirle que tiene un trastorno, o comentarle que es más nervioso que los demás. No es lo mismo. No es lo mismo tratar a alguien "que no come" que tratar a un anoréxico. No es lo mismo.


Es impresionante, a la par que peligroso, el abuso gratuito que hacemos del lenguaje para ciencias tan delicadas como son o deberían ser la medicina o la psicología. Encasillar es en muchos casos retirar el derecho al cambio, es negar la posibilidad de desarrollo. El extremo contrario tiene el riesgo de no tomar en serio los sentimientos de una persona. Pero el problema no suele ser la persona, el problema suele ser más bien el problema. Tendemos a ser amigos de lo estático y nos olvidamos del enorme poder que tenemos para cambiar la realidad en función del nombre que le demos. Centrarse en un problema es una garantía asegurada de quedar ciegos para siempre ante un amplio abanico de soluciones.

La aceptación debe primar siempre ante la culpa y las narraciones han de ser cuidadosamente formuladas, de forma que lo positivo siempre quede enfatizado porque, ¿de qué sirve lo contrario?

Este lenguaje cuidadosamente elegido, flexible, relativo, enfatiza la posibilidad de escoger, de ser quien más nos gusta ser. Si conocemos nuestras herramientas además de nuestros defectos podemos, sin lugar a dudas, tirarnos de cabeza a la espiral de cambio que conduce al objetivo que más nos apetezca conseguir, hacia el reto que más deseemos superar.

Mediante la externalización y a través de los adjetivos adecuados, logramos deshacernos del quiste que supone el problema y alejarlo visualmente de nuestra identidad, de nosotros, para poder tratarlo como lo que es, un problema. Y los problemas, (muy a lo Calderón de la Barca), problemas son.



¡Hasta muy pronto!

viernes, 18 de julio de 2014

La obediencia a la autoridad: El experimento de Milgram

Buenos días de viernes.

Hace relativamente poco os hablaba del experimento de la familia Harlow con los monos para estudiar el apego humano. A prácticamente todos nos parece una barbaridad, cómo podían emplearse crías de mono y someterles a tanto sufrimiento con el fin de probar ciertas hipótesis científicas. El vídeo de los experimentos nos ponían los pelos de punta. Ciertamente el tema de la experimentación con animales genera desde hace décadas muchísima controversia.

Pero, ¿y cómo se te ponen los pelos entonces, cuando te paras a pensar en los múltiples experimentos de ética cuestionable que se han realizado a lo largo de la historia con seres humanos? Incluso con niños, como fue el caso del pequeño Albert. ¿Cómo te quedas cuando te recuerdo la inmensa cantidad de aberrantes pruebas y experimentos a los que fueron sometidas millones de personas durante la II Guerra Mundial? Peor aún te quedarías si desmontara el mito de que aquellos experimentos tan espantosos han quedado atrás en el tiempo y te comentara que algunos han sucedido hace no tanto, tanto tiempo como te imaginas. Y no solo se han seguido poniendo en marcha experimentos de dudosa moral, sino que se han obtenido resultados tan escalofriantes, tan difíciles de creer, como los que te voy a enseñar a continuación.

jueves, 26 de junio de 2014

Dime de qué te ríes... y te diré cómo eres

Virtuoso el que sabe contar chistes. Siempre he pensado que es la vía fácil para meterte a la gente en el bolsillo, para romper el hielo, para relajar un ambiente tenso. Pero ojo, estoy hablando de saber contar chistes y no del mero hecho de contarlos. El mismo chiste puede tener un efecto completamente opuesto contado por una persona o por otra. Puede resultar desde muy gracioso hasta ridículamente lamentable. Es la herramienta social más ambigua que conozco. Hay que saber sobre qué, cómo, cuánto y sobretodo cuándo contarlos. Puede ser la llave del éxito social o bien convertirte en un fracasado. O lo que es peor, en un pesado.

El buen contador de chistes suele ser comedido, riguroso, adecuado, empático y tiene cierta capacidad de captar o de predecir la personalidad de sus oyentes, de forma que es capaz también de adaptarse a ellos, generando reacciones positivas. Mi hermano es la persona que conozco que mayor habilidad tiene en este campo.

No todos nos reímos de las mismas cosas

Dime que no te ha pasado nunca. Estás comiendo con un amigo, amiga, pareja o familiar y un tercer comensal se anima a contar un chiste verde/racista/sexista/absurdo al cual reaccionas con cara de poker por lo terriblemente penoso que te ha parecido. De hecho te parece increíble que el emisor pretendiera arrancarte risas con esa... sí, con esa mierda de chiste. Es ahí cuando de repente giras la cabeza y encuentras a tu compañero rompiendo la mesa a golpes del ataque de risa que le acaba de entrar. Tu cara de poker evoluciona a cara de Özil, y miras perplejo a tu compañero sin entender qué es lo que le ha parecido tan gracioso. Él te mira rojo, con lágrimas en los ojos e intentando coger bocanadas de aire entre cada carcajada a la vez que grita: "¡Es buenísimo!" y continúa riéndose descontroladamente ignorando tu expresión facial paralizada.

Esa diferencia, esa predilección por un tipo de chistes que por otros, es lo que llamamos común y frecuentemente sentido del humor. Hay innumerables y diversas formas de hacer el humor.



Dime de qué chistes te ríes... y te diré cómo eres

Tu afinidad por cierto tipo de chistes o de humor en general definen indirectamente tu personalidad. ¿No te lo crees? Te voy a explicar brevemente, o quizás no tan breve, el mecanismo de acción de un chiste.

El ser humano tiene en su repertorio de vías de expresión emocional el juego. Como hemos decidido que jugar de determinada forma en la vida adulta está mal visto y se considera una pérdida de tiempo, recurrimos a aquellos que sí están aceptados socialmente, y entre ellos podemos encontrar los chistes. Existen en multitud de formas y variedades. Los chistes son juegos, como así los clasificaba Freud, que nos permiten expresar nuestro yo más íntimo sin ser juzgado, reirnos abiertamente de algo que de otro modo sería inconcebible, expresar emociones no canalizadas, e incluso lo utilizamos a menudo como mecanismo de defensa.

Uno de los elementos principales del chiste es la incoherencia. Comienzas contando unas historia que tiene un guión o evolución predecible y cuando llega el final, sorprende un desenlace original, exótico e inesperado. 

Otro elemento importante es la exageración. La visualización de una situación extrema, la descripción de atributos exagerados son la génesis asegurada de un estado mental placentero, siendo éste por cierto el elemento más explotado en Andalucía. El mismo protagonismo tiene la ironía, solo perceptible su complejidad a partir de cierta edad, pues es el elemento que más nivel de inteligencia y de conocimiento exige, y el más compartido entre diferentes culturas y países.

Otras teorías, como "la teoría de la superioridad", defienden que el mecanismo que produce carcajadas se corresponde con el objetivo de aumentar la autoestima. En el chiste se ridiculiza o se sitúa en una posición desaventajada o desfavorables a una persona (alguien que se cae, un golpe inesperado, alguien en una situación anormal grabada con cámara oculta) o grupo determinado, puede ser un pueblo (¿Todos os acordáis de Lepe no? El pueblo-víctima más famoso del humor español), un equipo deportivo, la familia real por poner un ejemplo reciente, e incluso grupos minoritarios, como personas con minusvalía o negros, para producir una sensación inconsciente de superioridad. Es una fuente de satisfacción del ego, un enaltecimiento de los grupos sociales al que pertenecemos (todos os acordáis del tipo de chiste: "esto es un inglés... va el frances... y va el español y...").

El objetivo de un chiste es producir un efecto placentero en la persona que lo escucha. El éxito del chiste genera también cambios a nivel biológico-fisiológico, induciendo a un estado de relajación corporal y mental así como estimulando la producción de hormonas relacionadas con el bienestar, como la serotonina y las endorfinas.

Estudios recientes sobre el sentido del humor y la personalidad

Willibald Ruch, profesor e investigador de la Universidad de Zürich, realizó un estudio sobre humor y personalidad, concluyendo convencido que las personas con una fuerte preferencia por chistes con explicación posterior frente a aquellos de libre interpretación suelen ser personas conservadoras, con una alta necesidad de estructura y estabilidad, que modulan su comportamiento según la deseabilidad social. Aquellas que tendieron a preferir chistes incoherentes o no-sense puntuaron alto en apertura a nuevas experiencias y mostraron una fuerte tendencia a la complejidad. Son además personas más inteligentes e inconformistas.

A pesar de lo que algunos puedan o prefieran pensar, no existe tanta diferencia en las preferencias manifestadas por hombres y mujeres, éstas se rigen más bien por el tipo de personalidad.

El humor sexista ha sido a lo largo de la historia preferido por los hombres y evitado por las mujeres, siendo actualmente y según los datos igualmente preferido por ambos. Existen chistes tanto feministas como machistas, siendo la inclinación por este tipo de chistes indicativo de cierto miedo, distanciamiento o un modo de defensa/protección del sexo opuesto.

La influencia del contexto social

El contexto social y el momento histórico son sin duda determinantes del tipo de chistes que están "de moda". Ahora es más fácil que nunca. Los acontecimientos sociales desencadenan en cuestión de segundos cadenas virales de imágenes y chistes que circulan por las redes sociales en ordenadores y móviles. WhatsApp y Facebook dan buena cuenta de ello. Y no, no se contaban los mismos chistes hace cincuenta años que hace cien. Algunos temas tabú se han desdramatizado y algunas barreras se han superado. Lo que antes era escandaloso puede ahora ser gracioso y bien aceptado por el público (ponte tú a hacer un chiste de Hitler a un grupo alemanes en los 50) e ir más allá de los límites es la regla de oro. La aceptación y tolerancia de los distintos tipos de humor sin resultar afectado o herido es desde luego, el signo más evidente de un nivel de autoestima alto así como de una mente saludable. Al fin y al cabo, en el tremendo mundo en el que vivimos, si no nos reímos de todo un poco, ¿qué nos queda?


¡Hasta muy pronto!


Por ejemplificar y completar el post de hoy, os comentaré que soy bastante fan de "El club de la Comedia" y he sido toda mi infancia seguidora incondicional de Martes y 13, en mi opinión el mejor dúo humorístico de la historia de la televisión española, así que comparto un par de vídeos con vosotros para alegraros el día/la tarde y poneros en ese estado de placer mental (alguno lo miraréis con esa cara de poker de la que hablábamos... cuento con ello)
Me encanta la mayoría de estilos humorísticos. Soy esa persona que siempre te hará la cobertura aunque cuentes un chiste tremendamente malo, qué le voy a hacer... la risa fácil y el humor absurdo son mi forma de vida. Espero que disfrutéis los vídeos (es posible por cierto, que las generaciones posteriores a los 80-90 no comprendáis muchas imitaciones-chistes de Martes y trece).





¡Qué tengáis buena semana! 

Algún día no dentro de mucho me meteré en el tema de la risoterapia, que es cuanto menos interesante...


¡¡¡¡¡¡¡ AAAAA REIRSEEEEEE !!!!!!!



miércoles, 11 de junio de 2014

La ventana de Johari

¡Buenos días! 

Vaya bochorno insoportable que estamos teniendo estos días por aquí... Han sido semanas duras de examenes también.
El tema de hoy es bastante ameno, concreto, útil y práctico. El pasado fin de semana me contaba mi pareja una anécdota acerca de un ejercicio de dinámica de grupo que hicieron en su universidad, y me comentó de pasada que para ello utilizaron una herramienta que, bueno, me resultó bastante familiar. Me alegra saber que los ingenieros aprenden y aplican también herramientas de psicología cognitiva, es un síntoma muy positivo de la importancia actual y el incremento del predominio de un enfoque socioemocional en todo tipo de profesiones, sobretodo a nivel empresa. Pues bien, precisamente de esa herramienta quería hablaros hoy.

La ventana de Johari 

Joseph Luft y Harry Ingham inventaron una herramienta social muy útil para representar nuestros comportamientos, para ilustrar los procesos de interacción social humana e incluso tal vez para ofrecernos soluciones que hagan frente a nuestras dificultades en las relaciones interpersonales. Es aplicable a todos los niveles (familiar, empresarial, etc.) y es posible a través de él (mediante ciertos ejercicios) conocerse mejor a uno mismo y permitirnos tener relaciones más sanas y equilibradas con los demás.
Los autores nombraron a esta herramienta "Johari" a partir de la unión de las primeras sílabas de sus nombres de pila, tan originales ellos. El modelo puede ser representado como una ventana de comunicación con cuatro cuadrantes, a través de los cuales pueden darse o recibirse informaciones sobre nosotros mismos y sobre los demás.

sábado, 24 de mayo de 2014

Las creencias irracionales de Albert Ellis

¡Buenas tardes a todos! Espero que estéis pasando un fin de semana tan entretenido como el mío...

Inmersa en libros de terapia cognitivo-conductual desde hace un par de meses y a una semana de tener exámenes, he encontrado un tema muy interesante que hacía tiempo que no revisaba y que me apetece compartir con vosotros. A priori es probable que os genere algo de rechazo el tema "terapias", por tratarse quizás de un tema demasiado técnico y poco sencillo de entender para aquellos que no dominen la disciplina. Sin embargo voy a intentar presentarlo o mejor dicho introducirlo, de tal forma que no sólo te parezca un texto sencillo, sino muy aplicable a tu vida diaria, tengas conocimientos de psicología o no.

Albert Ellis, uno de los más influyentes psicólogos norteamericanos del siglo XX, ha dejado en la historía de la psicología un legado revolucionario todavía vigente a día de hoy, el procedimiento terapéutico pionero en terapias cognitivas que denominó en 1953 terapia racional y que modificó en 1993 pasándose a llamar terapia racional emotivo-conductual (TREC), incluyendo su famoso modelo ABC.

¿Qué es el modelo ABC?

Imagínate un día cualquiera paseando por la calle. Estás en las escaleras mecánicas del metro y alguien que pasa deprisa a tu lado te da un empujón. Este empujón supone el estímulo activador (A) del modelo ABC, un estímulo que proviene del entorno, que sucede externo a tu organismo. Tú, que eres una persona con una historia genética y ambiental determinada así como con una personalidad concreta, tienes unos esquemas en tu mente que Ellis llama creencias. Tus esquemas o creencias personales, forman una estructura relativamente estable y arraigada, y son distintos de los que tienen otros individuos. Han ido formándose a lo largo de tu vida en función de tu perfil genético o hereditario así como a través de tu experiencia personal. Es tu manera personal de interpretar la realidad, tu estilo de pensamiento, tu conocimiento sobre el mundo, lo que en psicología llamamos cogniciones (B). Digamos que a partir del estímulo A (empujón) se produce un centrifugado en tu mente en el que tu conocimiento, tu experiencia y tus creencias, colaboran para dar significado a ese estímulo, un significado que generará en consecuencia ciertas emociones, que te conducirán a emitir una respuesta determinada, manifestada a través de la conducta (C)¿Hasta aquí todo bien?