lunes, 9 de enero de 2017

Los TICS y su origen psicológico

El otro día iba ensimismada (¿o no será enmimismada?), inmersa en mis pensamientos como es habitual entre nosotros los "empanados", cuando de repente veo que el hombre que se sienta delante de mí en el metro me guiña un ojo. No es la primera vez que me pasa algo así en un metro, en el de Madrid en concreto ya he vivido de todo, pero no por eso disminuye mi rabia cuando alguien me hace sentir intimidada. Cambio el rumbo de mi mirada, observando la nada en movimiento por la ventana, e intento evitar un nuevo contacto visual, pero la curiosidad por comprobar su abandono me pica y en un cruce fugaz de miradas vuelvo a captar un guiño de ojo. "¿Será asqueroso el tío este, que podría ser mi padre?". Vuelvo a cruzar mirada... Guiño. Cuando ya la ira me está haciendo insoportable la vida, me decido a poner en evidencia al sátiro hijo de su madre delante de todo el vagón. Voy a abrir la boca cuando veo que está mirando a otro lado y continúa guiñando el ojo, así, al tuntún, sin camino ni destino. Tiene un tic. Y yo me siento imbécil. Pero aliviada.

Entonces me quedo mirándole con calma, espero que discretamente aunque conociéndome seguro que no, mientras me pregunto por qué hay personas que desarrollan repentinamente un impulso nervioso involuntario, o un tic, para los amigos.



Los tics: Qué son, por qué hay personas que los desarrollan 

Si le preguntamos a muchas personas qué entienden ellas por un tic, la mayoría responde (en otras palabras un poco más coloquiales) que es un movimiento involuntario de diferentes grupos musculares que aparece sin motivo aparente. Revisando diferentes definiciones en Internet, la verdad es que se corresponden en alto grado con las recogidas aleatoriamente en la calle. Incluso he escuchado en algunas ocasiones "no me fío de las personas con tics, creo que tienen algo que esconder". ¿Pero es esto verdad? ¿Por qué aparecen? ¿Cómo los experimenta la persona? ¿Se puede hacer algo para que desaparezcan? A estas preguntas ya pocos pueden responder.

Para empezar y en contra de lo que la mayoría piensa y de lo que yo misma pensé en el metro, es importante destacar que los tics son movimientos voluntarios, es decir, la persona puede emplear estrategias para aumentar o disminuir su frecuencia, así como para ocultarlos. Todos conocemos personas con tics en nuestro entorno que en determinadas situaciones, aumentan la frecuencia de emisión de éstos. Otra característica es que los tics no son dolorosos y que no se da atrofia muscular en los músculos implicados.

Frente a los tics existen tipos de movimientos involuntarios, como el corea, los temblores o los espasmos. Estos son incontrolables, tanto en aparición, frecuencia como en ocultación y desaparición. También se diferencian de los tics en que sí se produce atrofia muscular y a la larga resultan dolorosos los movimientos.

El origen psicológico


Imposible centrarnos en un único origen, pues existen distintas teorías, unas con más peso que otras. He aquí la que en España cobra más fuerza: "un movimiento truncado de retiro o agresión que se ve reforzado si coincide con la terminación del estímulo inductor de miedo o de tensión. Posteriormente, se generaliza a otras situaciones y llega a convertirse en un fuerte hábito” (Bados y col., 1991; Bados, 1995). Esta teoría apoya el aprendizaje de la emisión de un tic como alivio ante una situación de ansiedad o malestar, que se automatiza y se generaliza a otras situaciones. Los factores ambientales influyen claramente, no sé si en el origen o en el mantenimiento, pero podemos observar en todos los casos que la frecuencia del tic aumenta con el estrés y disminuye con el reposo (durante el sueño, por ejemplo). Además, los niños mayores suelen describir una sensación de incomodidad inespecífica que se alivia al realizar el tic, "sienten" la necesidad de hacerlo.


Podemos decir así que un tic es una vía de escape que el cuerpo encuentra para canalizar las emociones que nuestra psyche no puede soportar. Ya ha quedado demostrado en este último siglo que el cuerpo y la mente están altamente conectados, tanto en una dirección como en la otra, osea que podemos concluir que los tics se incluyen en la lista de transtornos o alteraciones psicosomáticas.

Teorías alternativas defienden apoyándose en cierta evidencia científica, que los tics tienen su origen en una alteración genética que produce una variación del funcionamiento normal de los neurotransmisores, facilitando la aparición del tic. 

Incidencia y prevalencia - Un poquito de estadística para "dummies"

Según un estudio de la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México) de 2011, los hombres tienden a sufrir más tics nerviosos en una proporción de 4:1 respecto a las mujeres. También aseguran que la inmensa mayoría los adquieren durante la infancia y rara vez aparece en mayores de edad. Aparecen con más frecuencia en hijos de padres que en algún momento de su vida han desarrollado un tic, que en hijos de padres que jamás han presentado esta alteración (lo cual apoya la teoría de la alteración genética). 

¿Qué tipos de tics existen y cómo clasificarlos?

Podemos clasificar las diferentes apariciones de tics según el tipo y la evolución. Se recogen tics de tipo fónico (tos, charrasqueos, pitidos) y motor (el mencionado guiño, parpadeo de ambos ojos, sacudidas de cabeza o de miembros), pudiendo ambos dividirse en "simples" y "complejos", dependiendo de la elaboración y grado de complicación del tic.

Dependiendo del grado de evolución, podemos ordenar los diferentes tics en transitorios y crónicos, pues se dan casos en los que los tics aparecen y desaparecen por sí solos en un período aislado de tiempo, generalmente entre uno y doce meses, y casos en los que la aparición del tic se cronifica en el tiempo hasta superar el año. 

Cómo actuar ante una persona con tics



Generalmente los tics se desarrollan con mucha frecuencia en niños, aunque nos encontramos con muchos adultos que sufren esta alteración. Normalizar la situación e informar a la persona del estado involuntario y transitorio de esta alteración es fundamental para un posterior tratamiento. Es considerable y adecuado tratar de investigar el motivo o los motivos que han podido llevar a la persona a desarrollar el tic, si existe alguna situación subyacente generadora de ansiedad, etc. Para ello es recomendable (que no imprescindible) acudir a un psicólogo especializado en trastornos de ansiedad.

Culpabilizar o prohibir a un niño hacer el tic no solo es inútil y desaconsejado, sino que curiosamente crea el efecto contrario: al aumentar el nivel de estrés y ansiedad, la frecuencia de aparición se intensifica desmesuradamente. Observamos en esta respuesta un alto indicio de la correlación ansiedad-aparición de tics. 

Una planificación realista y alcanzable de las tareas de la vida diaria, así como una estructuración de la rutina de la persona que sufre un tic con rituales y horarios fijos, es importante para estabilizar cuerpo y mente así como para reducir los posibles factores estresantes de la vida cotidiana. 

Y sobretodo, y lo más importante, ante la expresión de incomodidad o el posible sufrimiento de la persona con tics, mostrar tranquilidad, comprensión y apoyo incondicional, pues como siempre repito, eliminando la incomprensión del entorno, la culpabilizacion y la preocupación gratuita, tenemos hecha la mitad del tratamiento.


Y con este artículo damos la bienvenida al año 2017...


¡Hasta muy pronto!


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