martes, 15 de abril de 2014

El poder de la compasión


Uno de los valores que nos enseñan las diferentes religiones desde que somos pequeños es el de la compasión.
 La compasión es la actitud espiritual propia y uno de los núcleos esenciales del budismo, es la llamada misericordia por la religión judeo-cristiana y un valor fundamental del islamismo, entre otros.
Cuando hablamos de compasión no podemos dejar de pensar en empatía, en ayudar al prójimo, en sentir pena o lástima. No podemos dejar de asociarla a sufrimiento, a pobreza, a desigualdad, a injusticia. Todos perseguimos experimentarla y muy pocos desean que la sientan por ellos.

Pero hoy voy más allá. 


Compadecer a otros o ser compadecido no se limita a sentir pena por el prójimo, a entender cómo se siente, a querer ayudar al otro. Estas son vagas definiciones que merecen ser profundizadas, sobretodo si estamos implementando este concepto en una rama de la psicología contemporánea tan importante y con tanto potencial como es la psicología positiva.

Qué es la compasión

No creo que la palabra compasión sea para nadie una palabra desconocida. Sin embargo, sí creo que el significado de esta palabra es desconocido para muchos, o por lo menos confuso. Para empezar a entender qué es, la compasión puede ser definida como una emoción, y pertenece al grupo de emociones positivas.

Una persona puede entrenar y practicar la experiencia de esta emoción a lo largo del tiempo y convertirse así en compasiva.

Una persona compasiva experimenta la compasión como un sentimiento (una emoción que permanece en el tiempo) que incluye empatía, es decir, el entendimiento del estado emocional del otro, pero es más intenso que ésta, y se manifiesta a partir del sufrimiento de otra persona, dirigiendo la motivación del ser compasivo a realizar acciones y conductas que alivien ese sufrimiento. 

Además, existe una estrecha correlación entre felicidad y compasión. No existe gente egoísta feliz. Si piensas en personas que conozcas que sean verdaderamente felices, podrás observar que entre sus características están el altruismo y la generosidad.

Entonces, ¿la compasión se traduce en ser generoso y altruista? No exactamente. Éstas son características de la compasión, pero no son sinónimos, pues existen personas generosas o altruistas y no por ello han de ser compasivos. Igual que compasión incluye empatía pero no es sinónimo de ésta.


El arte de ser compasivo

La compasión nos es enseñada a nivel teórico desde la ética y las diferentes religiones pero desde un modelo de conducta social, pues el entorno nos muestra modelos a copiar muy lejanos a la compasión. Y el ser humano aprende en gran medida por observación, también llamado aprendizaje vicario. Nos son transmitidos otros valores muy diferentes, el mundo social en el que nos desenvolvemos es entre otras cosas frívolo, individualista, materialista, y promueve el egocentrismo.

Cuando caminamos por la calle y descubrimos un parque con flores, observamos a las diferentes personas que caminan, vemos un pájaro que se posa en una rama, tendemos a mirar todo ello cegados por el hedonismo que inunda nuestro mundo social y emitimos un juicio acorde a ello. Solemos clasificar lo que percibimos a nuestro alrededor con un "me gusta" (en plan Facebook) o un "no me gusta" (el otro botón que se lleva ya tiempo pidiendo. Zuckerberg... ahí lo llevas). 

Adaptamos el medio a nuestras necesidades. En pocas ocasiones nos paramos a pensar y percibimos de lo observado aquellas necesidades que necesitan ser satisfechas. 

A qué me estoy refiriendo, te cuento. 

Imagina uno de esos días en los que esperas en la cola del supermercado. La cajera no sólo es desagradable a la vista, con esas mechas mal dadas, ese maquillaje exagerado y ese modo ordinario de mascar chicle con la boca abierta, sino que derrocha antipatía con cada cliente que pasa. Sus miradas, sus gestos y su conducta empujan a nuestra mente a emitir un juicio inmediato y sin retorno: "no me gusta", y clasificamos a la cajera en este cuadrante. Es más que probable que la mayoría de las personas que toman contacto con ella ni le miren con el fin de evitar un momento no agradable, o que lo hagan con indiferencia, incluso de forma poco amigable, reflejando el desagrado que perciben y siendo coherentes con el (pre)juicio emitido. ¿Qué ocurriría si al pasar por caja le dedicáramos a esta persona la mejor de nuestras sonrisas? Haz la prueba. Pocas personas reaccionan mal a un gesto amable, a una sonrisa, a un "que tengas un buen día". Es bastante probable que esa mujer que trabaja con cara de bulldog francés sea de las personas que más necesiten ese día un feedback positivo. Has podido percibir e identificar su necesidad, luego has practicado la compasión.

Sé la acción en tu medio, no la reacción a él.

Otro ejemplo. Todos conocemos a la mítica persona con dificultades de interacción social. Aquellos percibidos como "raros", esos que por más que ponen de su parte no consiguen integrarse en un grupo de amigos, de colegas de trabajo o de compañeros de piso. De nuevo pulsamos automáticamente el botón de "no me gusta", pues la mera presencia de estas personas y sus comentarios inapropiados generan momentos incómodos, desagradables, lo que desencadena una situación o reacción de rechazo. El hedonismo nos ha cegado de nuevo. Esa persona "rara" no encaja con nuestro estándar de normalidad social, luego lo expulsamos de nuestro entorno casi inconscientemente. Se deja de llamar a esa persona, se mira mal, se contesta de manera antipática o arrogante, se desprecia. 
Pero reflexiona un segundo las consecuencias. La inmensa mayoría de las veces lo que ocurre es esto: Si una persona tiene una actitud o conducta inapropiada y no encaja en los diferentes círculos sociales, genera rechazo. Este rechazo es percibido por la persona, que busca desesperadamente abolirlo y tener la oportunidad de ser aceptado por el círculo social, y no dudará en desplegar sus recursos para intentar por otra vía lograr su objetivo. Por algún motivo que creo ya te imaginas, una persona con un bajo dominio de las habilidades sociales buscará de nuevo alternativas inapropiadas que le harán parecer todavía más "raro" y que posiblemente provoque la recepción de más y más rechazo, entrando en una espiral de rechazo de la que por desgracia es demasiado complicado salir (como de cualquier espiral).

Esta espiral suele desencadenar en trastornos afectivos, en fobias, puede dar lugar a una introversión del individuo, a autojuicios negativos, baja autoestima, autoconcepto poco realista, a la evitación o huida de situaciones sociales por miedo al rechazo, etc.

La mayoría de las personas con dificultades en las relaciones sociales, son personas con una mayor necesidad de aceptación y de afecto. Quien practica la compasión, sabrá identificar esas necesidades y estará dispuesto a satisfacerlas con una actitud abierta, tolerante, de aceptación y reconocimiento, con elogios, con acercamiento. El individuo con dificultad se sentirá por tanto aceptado y cómodo en ese ambiente social, podrá ser así él mismo y podrá sacar lo mejor de él sin temor a ser rechazado. Haz de nuevo la prueba y sé compasivo con aquellos que tienen menos habilidades. Habrás cortado la pescadilla que se muerde la cola, y ahora esa pescadilla podrá nadar libremente en el océano.

Como ves, la compasión no es solo practicable en el tercer mundo sino que puede ser puesta en práctica en las diversas situaciones de la vida cotidiana. De nada sirve que vayas a un pueblo perdido de la India a ayudar a quienes más lo necesitan, si no ayudas a quienes te rodean en tu vida diaria y necesitan de tí.

Es posible que a través de los ejemplos hayas sido capaz de elaborar inductivamente el complejo concepto de compasión y de haberlo digerido, incluyéndolo en tu colección mental de emociones positivas, junto a la gratitud y al optimismo.

Y este era mi objetivo de hoy...

Así que te dejo, que tengas un buen día, me quedo satisfecha de haber practicado la compasión contigo enseñándote un concepto necesario e imprescindible para experimentar felicidad, que es una de las necesidades vitales básicas de todo ser humano, y cuya ausencia genera más sufrimiento.


¡Hasta muy pronto!


"Quiéreme cuando menos lo merezca, porque será cuando más lo necesite" (Robert Louis Stevenson)



Si te interesa saber más sobre compasión, te recomiendo esta conferecia de TED:


y este documental de REDES:

Compasión para vivir

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